Por fin, este fin de semana pasado, el último de junio, trabajamos de nuevo con las ideas y la práctica de la cocina natural y energética. El verano recién estrenado nos ha inspirado unas elaboraciones llenas de colorido y recetas refrescantes, y relajantes. Nos hemos quedado tan a gusto, con muchas ganas de seguir practicando en casa y con ese sabor de boca de la infusión de menta del final del curso.
Ya conocemos mejor las cualidades de los alimentos. Ya sabemos además que consumir ecológico depende de este conocimiento de las cualidades de lo que comemos. Ser conscientes de lo que necesitamos realmente nos da la llave de la vuelta al equilibrio con la tierra, con las estaciones que modulan nuestra energía y a la vez, con una salud óptima.
Hay una reflexión abierta en la que no suele entrar la mayoría de la gente que enarbola la bandera del consumo responsable: hay que dar un paso más si queremos realmente llevar a cabo esa responsabilidad en el consumo.
No es sólo que el producto sea ecológico (cultivo limpio-cercanía-comercio justo), es también y, sobre todo, que el alimento sea apropiado (adecuado a nuestras necesidades nutricionales y al momento del año en que se da).
1. Si nos ajustamos al momento del año en que se da, no podemos seguir comprando, aunque sea en la mejor tienda o asociación de productos ecológicos, con los sellos más flamantes, calabacines, pimientos y tomates, en cualquier época del año. Sólo se dan durante dos meses veraniegos.
2. Si atendemos a lo que realmente necesitamos nutricionalmente, hemos de saber que el consumo de verduras veraniegas en meses fríos, no hace sino desequilibrar nuestro sistema energético y debilitar nuestra salud. En cambio, el consumo de productos estacionales nos ayuda a adaptarnos al entorno y fortalece nuestro sistema de defensas.
Además sabemos que, dentro de un esquema de consumo consciente (no sólo responsable) comer ecológico es cambiar drásticamente el patrón de consumo de proteína animal: si no se suprime por completo, ha de ser un consumo esporádico (de una a tres veces por semana como mucho, y dando prioridad a raciones de pescado salvaje, y no de carne). Lo costoso para el medio ambiente es producir tanta carne, y lo costoso en salud para el medio interno nuestro, es asimilar tanta carne.
Si nos limitamos a cambiar la "etiqueta" pero no cambiamos hábitos, no estaremos logrando mucho. Sólo la tranquilidad de saber que en nuestros estómagos no entran químicos venenosos, pero el desequilibrio medioambiental se mantiene, y el desquilibrio en nuestra salud nos seguirá pasando factura.
martes, 29 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
El huerto de Melibea 2010
Hojas, nubes y molinos; semillas, veleros, insectos, todo lo mueve el viento caprichosamente. También la vida, las corrientes del pensamiento, los sentimientos, y los poemas se mueven a su antojo. Los empeños, las empresas, los compromisos, sin embargo, arraigan en las piedras, en sus grietas y huecos. A veces árboles, a veces, musgos, o sólo líquenes al principio, viven y mueren, brotan sobre la madera y hojarasca podrida.
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